Sea valiente, abra ese correo electrónico

Solía tener un gran problema. Le tenía miedo al rechazo, temía no ser aceptado. Era tanto ese temor que se filtraba hasta en la manera en que respondía mis correos electrónicos.

Si veía un e-mail en respuesta a una pregunta o preocupación que le había enviado recientemente a un autor o a un cliente, prefería esperar y no abrirlo, ya que me aterraba que rechazaran mi planteamiento o a mí mismo. Prefería evadir su lectura y pensar en todas las maneras posibles que había sido rechazado o, sencillamente, que podría ser la respuesta que esperaba.

En la medida en que la fatiga me vencía, finalmente me rendía y abría el correo electrónico para encontrar que no era nada parecido a lo que yo pensaba. De hecho, la mayoría de las veces eran buenas noticias.

Así que, adelante, abra ese correo electrónico.
La respuesta no va a cambiar.

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