El enfoque, la excelencia y la mediocridad

El otro día estaba pensando en la cantidad de trabajo que puedo hacer, junto a cada uno de integrantes del equipo con los cuales trabajo. En los últimos años, todos hemos tenido que buscar la forma de hacer más, con menos personal. Muchas veces hemos podido superar los retos y alcanzar las metas, pero eso ha sido la excepción y no la regla. Me atrevería a asegurar que ese también, es su caso.

Hoy quiero compartir con ustedes lo que quizás ha sido la lección más difícil de aprender en mi carrera profesional.

Tenemos la tendencia a sobrecargarnos de responsabilidades debido a que:

  • No podemos decir que no.
  • Creemos que, si no lo hacemos, eso va a hacernos quedar mal en el futuro.
  • Si no lo hacemos, nadie más lo hará.

Lo que sucede la mayoría de las veces, es que terminamos desviando nuestra atención de lo que hacemos bien. Y con ello, dejamos de dar lo mejor de nosotros, al diluir nuestra atención entre varios proyectos; por lo que todos sufrimos. Podemos ser capaces de llevar todos los proyectos a término, pero ¿a qué costo, en cuanto a gente y calidad?

Con el fin de enfocarnos mejor y de dar lo óptimo, tenemos que aprender a decir “no” a algunas peticiones. Al hacerlo:

  • Alineamos nuestras prioridades y cumplimos con los plazos.
  • Damos lo mejor de nosotros.
  • Somos sinceros con nuestro empleador y con nosotros mismos.

Como empleadores, debemos entender y reconocer que es posible que también necesitemos modificar las prioridades. Si tengo a alguien que quiero en un proyecto que tiene prioridad, necesito transferir sus responsabilidades a otros empleados. Eso le permitirá responder afirmativamente y dar lo mejor de sí.

Cuando aprendemos a decir “no”, seamos empleados o líderes, no nos arriesgamos a quedar desempleados, sino que optamos por no conformarnos con la mediocridad.

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