Comuníquense, no solo hablen.

Las lecciones que aprendí con mi entrenador de baloncesto en la universidad fueron numerosas. Pero la principal era la práctica silenciosa que hacíamos cada año antes de la práctica.
Comenzábamos con estas palabras del entrenador : «Vayan a ponerse el uniforme y ni una palabra hasta que les diga».

La primera mitad de la práctica era un desastre, todo lo que se oía era el chirrido de las suelas de goma y el rebote de la pelota en aquel piso de madera. Los pases se lanzaban sin que el receptor supiera, se perdía el balón y había mucha frustración. Si hablábamos, teníamos que correr de un lado para otro de la cancha —y me encanta hablar, pero odiaba esas carreras, por lo que eran momentos muy difíciles para mí.

De repente, el entrenador detenía todo y nos reunía. «Caballeros, hasta ahora todo lo que hemos estado haciendo es hablar como un grupo de muchachas de secundaria en el baño. Hoy fue difícil porque no pudieron comunicarse. La realidad es que jugaron igual que antes. Mas allá de hablar y hacer ruido, lo que necesitan es aprender a comunicarse». Entonces se alejaba, daba una vuelta y decía: «No sólo hablen, comuníquense».

Con eso iniciábamos la práctica de nuevo, llamándonos cada uno por nombre antes de hacer el pase, dar instrucciones y pronunciar palabras de aliento. La comunicación comenzaba a fluir.

En la actualidad, ¿estás comunicándote o solo hablas?

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